Chicas del K-on se desnudan en público calientes
Las pupilas de las chicas se dilataban cada vez que la brisa levantaba sus faldas cortas en el pasillo del colegio, mostrando más de lo que debían mientras reían a carcajadas. La morena con coletas se mordía el labio inferior al sentir cómo su tanga se humedecía al agacharse para recoger el lápiz, dejando ver el culo prieto y redondo que tanto le gustaba a la rubia de coletas más largas. Esta última no pudo resistirse y, con un empujón juguetón, la tiró contra el banco de madera, donde ambas terminaron retorciéndose entre risas y jadeos mientras las manos de la rubia le arrancaban la blusa para dejar al descubierto unos pechos pequeños pero firmes que se balanceaban cada vez que la morena forcejeaba. El sonido de los botones saltando y el crujido de la tela rasgada solo servían para excitar aún más a las dos, que ya no podían distinguir entre el juego y el deseo puro. La morena gimió cuando la rubia le chupó el cuello mientras sus dedos se colaban bajo el elástico del tanga, sintiendo la carne palpitante y empapada que ardía bajo su contacto. Una de ellas —la de coletas largas— metió la mano entre sus propias piernas, frotándose con desesperación al ver cómo la morena se retorcía de placer con cada caricia en su clítoris hinchado, mientras con la otra mano le apretaba los pezones hasta hacerla gritar. El ambiente se volvió tan cargado que hasta el aire olía a sexo sucio y piel sudada, con el sonido de las medias rasgándose y los gemidos ahogados entre risas nerviosas cuando la rubia la empujó contra la pared y le levantó la falda para clavarle la polla —que había sacado de no se sabía dónde— entre sus muslos temblorosos. La morena, con los ojos vidriosos y la boca entreabierta, no pudo evitar gemir como una puta en celo al sentir cómo la verga gruesa y caliente se hundía en su coño empapado, arrancándole un grito que resonó en todo el pasillo vacío. Las embestidas eran brutales, con la rubia empotrandola contra la pared mientras le mordisqueaba el hombro y le susurraba obscenidades al oído, preguntándole si le gustaba que la follaran como a una cualquiera en pleno horario escolar. El cuerpo de la morena se sacudió cuando el orgasmo la atravesó como un rayo, haciendo que su coño se contrajera alrededor de la polla que la estaba reventando, mientras la rubia, sin poder aguantar más, se corrió con un gruñido animal, llenándola de leche caliente que resbaló por sus muslos temblorosos. Cuando por fin se separaron, ambas respiraban como si acabaran de correr una maratón, con las piernas temblorosas y la ropa hecha trizas, pero ninguna parecía arrepentida mientras se limpiaban los jugos del uno al otro con las manos sudorosas y se reían como locas, sabiendo que en cualquier momento podrían volver a empezar.