Chica anime mojada da mamada brutal en habitación roja
Desde que entró en la habitación roja con su body de latex rojo ajustado, a José le temblaban las manos al ver cómo se le marcaban los pezones duros bajo la tela. La morra no perdió tiempo y se arrodilló frente a él, sacándole la polla gruesa y palpitante con un gemido de anticipación mientras le susurraba al oído que le iba a dejar la boca bien empapada. Sin dudar un segundo, se la metió hasta la garganta con un sonido húmedo y obsceno, tragando saliva mientras sus labios rojos se estiraban alrededor de la gruesa verga, dejando rastros de saliva brillante que le bajaban por la barbilla. José no pudo evitar agarrarle la cabeza con fuerza y empezar a moverle el culo al ritmo de sus embestidas, sintiendo cómo cada estocada le hacía gemir más fuerte, con esos gritos agudos que le ponían a mil mientras sus tetas enormes rebotaban bajo el sujetador de encaje. Cuando la polla le rozó el fondo de la garganta, la morra abrió más los ojos, tosiendo ligeramente pero sin soltar ni un milímetro, chupando con desesperación mientras sus jugos ya le resbalaban por los muslos, dejando su coño bien abierto y listo para lo que viniera después. José, al borde del límite, le agarró el pelo con ambas manos y se la clavó hasta el fondo una y otra vez, sintiendo cómo los testículos le golpeaban la barbilla cada vez que se la metía hasta el fondo, hasta que no pudo aguantar más y le disparó un chorro grueso y caliente directamente a la garganta que ella tragó sin dejar ni gota, con los ojos vidriosos y los labios brillantes de semen. Pero no terminó ahí, porque la muy puta se bajó del todo el sujetador y se le ofreció con las tetas bien prietas, apretándoselas contra la cara para que le lamiera los pezones mientras se masturbaba con los dedos ya empapados, su coño chorreando sobre el suelo de la habitación. Hasta que, entre gemidos y empujones, le agarró la polla otra vez y se la metió en la boca una última vez, chupando con furia hasta que José no pudo más y le soltó otro chorro espeso que le resbaló por los labios, dejando su cara toda manchada mientras ella se limpiaba con la lengua y se reía con voz ronca, satisfecha de haber dejado a ese cabrón bien servido y rendido.