Mao Mizusawa recibe masaje de tetas empapadas en el aula
La maestra entró al salón con ese vestido ajustado que le marca cada curva y se le pegaba al cuerpo como si estuviera mojado, dejando ver unos pezones duros que se le marcaban bajo la tela transparente. Desde el primer momento él supo que no aguantaría ni cinco minutos sin meterle mano, así que se acercó con esa sonrisa pícara mientras ella fingía corregir unos exámenes pero no podía evitar mordisquearse el labio inferior. En un descuido, él le pasó los dedos por el escote empapado de sudor y leche, sintiendo cómo sus tetas palpitaban bajo el contacto, y ella soltó un gemido ahogado cuando le apretó el pezón entre los dedos, convirtiendo su coño en un charco de jugos. Para no delatarla, él le susurró al oído que se desabrochara los botones superiores mientras le sobaba el culo por encima del vestido, y en segundos su piel ardía bajo las palmadas que le dejaban marcas rojas en las nalgas gordas y temblorosas. Ella se dejó caer sobre el escritorio, levantándose el vestido hasta la cintura para que él pudiera ver cómo su concha brillaba de tanto deseo, y cuando él le metió dos dedos sin avisar, ella gritó con la boca abierta mientras el líquido le resbalaba por las piernas. La empotró contra la pizarra con una mano en la garganta y con la otra agarrándole las tetas llenas de leche, bombeando su verga gruesa entre sus muslos hasta que ella no pudo más y se corrió con espasmos que le sacudieron todo el cuerpo, empapando la silla de sus jugos espesos mientras él le escupía en la cara el semen caliente que le resbaló por los labios entreabiertos. Justo cuando creía que ya no podía aguantar más, él le dio la vuelta y le abrió el culo con las manos para enterrarle su polla hasta las pelotas, haciendo que sus nalgas sonaran como un tambor cada vez que le clavaba hasta el fondo, mientras ella chillaba como una perra en celo y se corría otra vez sin poder controlarse.