Chica descubre exhibicionistas follando en el parque
Kira paseaba distraída por el parque cuando un gemido ahogado entre los arbustos la hizo detenerse en seco. Entre las sombras de los árboles, dos cuerpos sudorosos se retorcían sin pudor: él la empotraba contra el tronco de un roble mientras ella le clavaba las uñas en la espalda y le mordía el labio inferior con fuerza. La polla enorme del tipo entraba y salía de su coño empapado con un sonido húmedo que resonaba en el aire fresco de la tarde, mientras los pezones rosados de ella se movían al ritmo de cada embestida. Kira se quedó paralizada, con las bragas instantáneamente mojadas al ver cómo la polla se hundía hasta el fondo, estirando los labios de su coño como si no hubiera mañana. Él gruñía como animal mientras le agarraba el culo prieto, separándole las nalgas para clavársela más hondo, y ella gritaba cada vez que el glande le rozaba el punto más sensible de su interior, con los muslos temblorosos y la boca entreabierta dejando escapar gemidos que se mezclaban con el chapoteo de sus sexos. Kira no pudo evitar llevarse una mano al pantalón para frotarse el clítoris hinchado mientras observaba cómo la verga brillante de sudor salía casi por completo antes de volver a hundirse con un *plop* sucio, empapando el pelo de su pubis en jugos espesos. El tipo le agarró el pelo a ella y le estrelló la boca contra la suya para ahogar sus gritos mientras aceleraba el ritmo, metiéndosela tan fuerte que el sonido de carne contra carne se volvió casi violento. Kira sintió cómo el coño de ella se contraía alrededor de la polla como si quisiera tragársela entera, y entonces él se corrió con un rugido gutural, llenándole el vientre de leche caliente que se escurría por sus muslos mientras ella se lamía los labios y gemía con voz ronca. Kira no pudo resistirse más y se acercó sigilosamente, arrodillándose en el suelo húmedo para lamerle los huevos pesados y el tronco de la polla aún palpitante, saboreando la mezcla de sudor y semen que goteaba de la punta antes de engullirla hasta la garganta. Él se dejó hacer, empujando la cabeza de ella contra su entrepierna mientras ella tragaba cada gota de leche que seguía brotando, hasta que su coño quedó reluciente y el tipo se dejó caer contra el árbol, exhausto y jadeante.