Culo lleno de leche con consuelo casero
Él llevaba días guardando esa leche espesa en el bote de cristal, observando cómo se le escapaba entre los dedos mientras se masturbaba con furia en su habitación. La polla le ardía como un hierro al rojo vivo cada vez que la imaginaba, esa vecina del quinto que siempre llevaba el culo apretado en esos leggings ajustados. Hoy no aguantaba más, así que sacó el consuelo de silicona morado que le regaló su primo en Navidad, lo untó con saliva espesa y se lo clavó hasta el fondo sin piedad. Los gemidos ahogados en la almohada no servían de nada cuando el bote de leche empezó a burbujear de tanto apretar, la polla le temblaba como un perro con rabia mientras se corría a chorros contra el espejo empañado. El líquido blanco le resbalaba por los huevos hasta empapar el edredón de rayas, pero él no podía parar, seguía embistiendo el juguete con saña mientras se imaginaba que era su propia mano la que le estrujaba la verga hasta dejarla roja. Los espasmos lo dejaron temblando, con la cara empapada en sudor y la leche saliéndole por los poros como si el cuerpo no pudiera contener tanta presión. Cuando por fin soltó el consuelo, notó cómo el culo se le relajaba con un espasmo postorgásmico, pero ya estaba buscando el móvil para grabar el desastre y colgarlo en todas partes. La leche le goteaba por las piernas mientras se limpiaba con una camiseta arrugada, pero no le importaba: al día siguiente subiría el video y vería cómo el mundo entero se masturbaba con él.