La condesa Dimitrescu se deja llenar de leche con su polla enorme
La condesa Dimitrescu ya no aguantó más las ganas de sentir esa verga gruesa dentro de su coño bien mojado, y lo arrastró hacia la cama con un tirón de su corpiño negro. Con un gemido ahogado, se subió encima de él, cabalgando con furia mientras sus tetas grandes rebotaban con cada embestida profunda. Su culo duro se apretaba contra los muslos del tipo, y cada vez que bajaba, la polla entraba hasta el fondo, haciendo que su coño ardiera de placer. Ella gruñía como una puta en celo, exigiendo que la llenaran de semen caliente, y él no pudo resistirse: con un gruñido animal, la tomó por las caderas y la empotró contra el colchón, cambiando a la posición de misionero para clavarse más duro. Las sábanas se mancharon de sudor mientras los gemidos llenaban la habitación, y cuando ya no pudo más, el tipo se corrió dentro de su coño, llenándola hasta rebalsar con su leche espesa. Dimitrescu gritó de placer, sintiendo cada gota caliente dentro de ella, y luego se dejó caer sobre él, jadeando mientras su coño seguía temblando. El olor a sexo llenó el aire, y ella sonrió, satisfecha de haber usado esa polla como su juguete personal.