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La vecinita necesitaba una polla bien dura dentro

10:46 720P 2 Variados
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Estúdio Hotbabenaija

Desde que lo vio por primera vez en el ascensor con esos vaqueros ajustados marcando cada músculo de sus piernas, ella no podía sacárselo de la cabeza. Él era ese tipo de hombre que te hace mojarte solo con mirarte el culo al pasar, y esa tarde, cuando la acorraló contra la pared del pasillo, supo que no iba a resistirse. La empujó con fuerza contra el espejo del recibidor, le arrancó el vestido de un tirón y le mordió el cuello mientras le susurraba al oído lo mucho que deseaba empotrarle ese rabo grueso hasta dejarla sin aliento. Ella gimió cuando sus dedos resbaladizos le separaron las nalgas y notó la cabeza de su polla palpitando contra su coño empapado, desesperada por entrar. Él no perdió tiempo y se la clavó de golpe, llenándola hasta el fondo mientras ella arqueaba la espalda y chillaba como una puta en celo, con las tetas rebotando al ritmo de sus embestidas brutales. Cada vez que le metía toda la verga hasta el fondo, ella sentía cómo le acariciaba el útero y un escalofrío le recorría la espalda, mezclando dolor y placer en una mezcla adictiva. Él le agarró el pelo con fuerza y le ordenó que se callara, pero sus gemidos eran tan fuertes que hasta los vecinos podrían haberlos oído si no fuera porque él la tenía tan empalada que solo podía jadear y suplicarle más. La levantó en vilo sin sacársela, apoyándola contra el frío azulejo de la cocina, y le metió los dedos en la boca para que se los chupara mientras le embestía el culo con movimientos rotundos que le hacían ver estrellas. Ella se corrió primero, gritando con la voz ronca, con las piernas temblorosas y el coño chorreando sobre sus pelotas, pero él no aflojó ni un segundo, follándosela sin piedad hasta que sus pelotas se le pegaron al culo y notó el primer chorro de leche caliente llenándole las entrañas. Cuando por fin la soltó, ella se desplomó contra la pared, jadeando y con las piernas como gelatina, mientras él se limpiaba el sudor de la frente y le decía con una sonrisa perversa que ahora ya sabía lo que se sentía al tener una polla de verdad dentro. Ella solo atinó a sonreírle con los labios hinchados y la mirada perdida, preguntándose cuándo podría repetir esa follada brutal que le había dejado el coño para siempre marcado.

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