La hijastra de papi se volvió adicta al culo con su pollón
Nick me descubrió algo que ni yo sabía: mi culo es una puta esclava de su verga. Desde que probé su polla gruesa hasta las pelotas, ya no quiero otra cosa. Al principio, solo era curiosidad, pero cuando el cabrón me empezó a abrir el ojete con sus dedos, gemí como una perra en celo. Sentí cada falange estirándome hasta que el culo me ardía, pero juro que quería más. Él sonrió cuando vio lo mojada que me ponía solo con tocarme. 'Papi, métemela ya', le suplicé. No dudó ni un segundo: me encorvó en el sofá, me agachó el culo y me empaló de una estocada. El primer empujón me hizo gritar, pero no de dolor, sino por cómo me llenaba entera. Cada vez que me la clavaba, el coño me vibraba de puro placer. '¡Sííí, así, rompe mi culo!', chillaba mientras me agarraba el culo para que no escapara. Nick me cogía las caderas y me embestía como si quisiera partirme en dos. Cada vez que sacaba la polla, mi culo hacía un ruidosito de ventosa que me ponía más loca. 'Eres una puta anal adicta', gruñó antes de agarrarme el pelo y follarme más fuerte. Cuando empezó a correrse dentro de mí, el caliente llenándome hasta rebosar, supe que ya no había marcha atrás. Mi culo es suyo. Hasta el día de hoy, cada vez que me mira, sé que piensa en meterme la polla otra vez. Y yo, claro, me muerdo los labios de ganas.