Lana Roy desafía a Raul Costa con un anal salvaje
El timbre de la puerta sonó con urgencia, pero lo que esperaba Lana Roy detrás de ella no era un paquete, sino la mirada hambrienta de Raul Costa. La morena de curvas perfectas, enfundada en un conjunto de lingerie negro que apenas contenía sus tetas firmes, lo recibió con una sonrisa pícara. '¿Crees que puedes manejar lo que te voy a dar?', le susurró mientras se mordía el labio inferior, desafiándolo con los ojos. Raul, con su polla ya dura bajo el pantalón, no dudó en aceptar el reto. Sin perder tiempo, la empujó contra la pared, arrancándole el tanga con un tirón brutal. Sus dedos exploraron su culo apretado, lubricándolo con saliva antes de hundirle dos de golpe, arrancándole un gemido ahogado. Lana arqueó la espalda, retorciéndose bajo su toque, pero no se rendía. 'Más fuerte', exigió, y Raul obedeció, empotrándola contra el sofá con una embestida que la dejó sin aliento. Su verga gruesa la penetró hasta las pelotas, haciendo que sus muslos temblaran con cada movimiento. Lana se aferró a los cojines, gimiendo como una puta en celo mientras Raul le agarraba las caderas, marcando el ritmo con golpes secos que resonaban en el silencio de la habitación. El sonido de su piel chocando, sus jadeos entrecortados y el olor a sexo en el aire lo volvían loco. 'No vas a hacerme rogar', lo provocó ella, pero sus palabras se convirtieron en un grito cuando Raul le dio la vuelta y la penetró por detrás, hundiendo su polla hasta hacerle tocar el cuello del útero. Sus uñas se clavaron en la tela del sofá mientras él la follaba sin piedad, sus bolas golpeando contra su coño mojado. El sudor les corría por la espalda, mezclándose con el aroma de su excitación. Lana mordió el cojín para no gritar, pero el placer era demasiado intenso. '¿Así que esto es lo mejor que tienes?', lo provocó, aunque su voz temblaba. Raul sonrió, sabiendo que ya la tenía al borde. Con un último empujón brutal, la hizo correrse, su coño apretándose alrededor de su polla mientras ella se derretía bajo su cuerpo. Cuando todo terminó, Lana solo podía pensar en una cosa: que no sería la última vez que lo desafiaría.