Lucy despierta a Max con su boca y su culo al desnudo
El olor a café recién hecho se mezclaba con el aroma de su piel cuando Lucy entró descalza, su tanga ya tirado en el suelo. Max apenas abrió los ojos, pero ella no pidió permiso: se arrodilló entre sus piernas, agarró su polla endureciéndose y la chupó hasta hacerla brillar. 'Hoy quiero que me rompas el culo', susurró, mordiendo el labio inferior. Él no necesitó más invitación: la tiró sobre la mesa, le separó las nalgas con las manos y metió los dedos en su coño mojado para prepararla. Cuando la punta de su verga rozó su ano, Lucy arqueó la espalda y gimió: 'Más duro, por favor, hazme sentir tuya'. Él obedeció, penetrando de una estocada hasta que sus caderas chocaron contra su carne. Cada embestida la hacía gritar, su columna flexible bajo el peso de su cuerpo. 'Puta, suplica', ordenó él, y ella lo hizo, repitiendo que era su esclava, que su culo era suyo para usarlo. Cuando Max se corrió dentro de ella, llenándola hasta los dedos, Lucy jadeó: 'Quiero que la próxima vez me ates y me folles como tu perra'.