La empleada de Venus Palmas me provoca hasta que pierdo el control
Esa tarde en la cocina, con el sol entrando por la ventana y el olor a café recién hecho, ella ya sabía lo que iba a pasar. Venus Palmas, con su cuerpo curvilíneo y esa sonrisa pícara, se movía frente a ti con la falda tan corta que cada paso dejaba ver el encaje de sus bragas. Te rozaba el brazo al pasar, se inclinaba para servir el café y te miraba fijamente mientras se mordía el labio. Sabía que te estaba volviendo loco, que cada gesto era una provocación calculada. Cuando finalmente te acercaste, te agachaste y le bajaste las bragas con los dientes, sintiendo cómo su coño ya estaba mojado antes de que tus dedos siquiera la tocaran. Te la chupaste con fuerza, saboreando su jugo mientras ella gemía y te agarraba del pelo, moviendo las caderas al ritmo de tu lengua. La pusiste de pie contra la mesa, le levantaste la falda y te enterraste en su coño de una estocada, sintiendo cómo sus paredes apretadas te envolvían. La follaste duro, con las manos en sus caderas para empujarla contra ti, mientras ella gritaba tu nombre y te pedía más. En más de 10 minutos de escena, la hiciste correrse tres veces, pero lo que más te excitó fue ver cómo, al terminar, ella sonreía sabiendo que había ganado. Sabía que la próxima vez volvería a provocarte igual, y que tú volverías a caer.