Emma Hix me ayudaba a aliviar mi polla dura mientras arriesgábamos
Él me dijo con esa sonrisa de pervertido: '¿Qué tal si te arriesgas un poco?' y yo solo pude morderme el labio antes de empujarlo contra la pared de mi habitación. Sabía que mi padrastro estaba en casa, que podía volver en cualquier momento, pero el sonido de su polla dura contra mi culo me hizo olvidar el peligro. Empecé a chupársela sin miramientos, sintiendo cómo su verga gruesa me llenaba la boca hasta las pelotas, tragando sus gruñidos para que nadie nos oyera. Él me hizo inclinarme sobre la cama, levantándome la falda para meterme los dedos en ese coño mojado que ya latía de anticipación. Gemí en silencio cuando me penetró de una estocada, sintiendo cómo sus caderas chocaban contra mi culo mientras me embestía sin piedad. Cada movimiento era un riesgo, cada gemido un susurro que podía delatarnos, pero no podía parar. Me corrió dentro mientras me mordía el hombro para ahogar mis gritos, y en ese momento solo pensé en que ojalá no nos hubieran pillado.