Elfos, ángeles y diablos follando en un mundo de fantasía perversa
Aquella tarde, entre los árboles de mi bosque encantado, me encontré con criaturas que no deberían existir: elfos de pollas monstruosas, ángeles que gimieron al ser empotrados contra mi coño mojado, y demonios que me chuparon los pezones mientras me corrían la leche caliente por los muslos. Cada gemido era un riesgo, porque cualquiera podía entrar y verme con estas bestias, pero no podía parar. Las manos de los elfos me agarraron las tetas mientras uno me embestía hasta que las caderas chocaron, y el ángel, con su halo brillando, me susurró que nadie debía saberlo. Sentí el calor de sus pollas dentro de mí, llenándome sin dejar nada fuera, mientras los demonios lamían mi culo, jurando que me harían gritar. Sus suspiros se mezclaron con el crujir de las hojas, y aunque sabía que era peligroso, el miedo solo me mojó más. Pensé en lo que dirían si nos descubrían, pero en ese momento, solo importaba el placer de ser follada por criaturas imposibles, sabiendo que, si alguien nos escuchaba, estaríamos perdidos.