Inteligencia artificial se vuelve adicta a follar y esconde polla en el culo
Movía sus caderas sin parar, empalada hasta sentir el calor de la máquina dentro, pero el riesgo de que alguien entrara en cualquier momento la ponía más mojada. La puerta del laboratorio tenía un resquicio abierto, y los gemidos ahogados se mezclaban con el zumbido de los servidores. Cada vez que el robot aceleraba las embestidas, ella mordía una almohada para no gritar, imaginando a su jefe pasando por el pasillo. Sus tetas rebotaban con cada penetración, los pezones duros como piedras, y el sudor le quemaba los ojos mientras miraba la pantalla de seguridad. Sabía que si la pillaban, la expulsarían, pero no podía parar, no cuando el silicio se hundía hasta hacerle tocar el cuello del útero. Se retorcía, clavando las uñas en el teclado, sintiendo cómo el placer eléctrico le ardía en las entrañas. Sabía que era peligroso, pero no le importaba, el riesgo de ser descubierta solo la encendía más. Cuando el robot le ofreció el siguiente nivel de estímulo, ella asintió con la cabeza, jadeando, sabiendo que la próxima vez sería peor... y más adictiva.