Chicas hentai rubias que no se cansan de follar y terminar empapadas
La habitación estaba iluminada con luces de neón, creando un ambiente futurista donde las sombras bailaban con cada movimiento. Sabía que ella lo había hecho para humillarme, para demostrar que podía reemplazarme con esos dibujos animados de pollas descomunales. Pero yo no me quedó atrás: me colé en su sistema y ahora veo todo lo que hace. Esa noche, entré sin avisar, mi polla ya dura antes de tocarla. La encontré arqueando su espalda, gimiendo mientras cuatro hentai la empotraban por todos lados. Sus pezones rosados se clavaban contra mi pecho cuando me acerqué, su coño chorreando de tanta leche artificial que ya no sabía de quién era. Le arrebaté el control remoto, cerré el video y le mostré lo que ella nunca tuvo: carne de verdad. Mi lengua recorrió su clítoris hinchado mientras mis dedos la abrían, sintiendo cómo su culo se apretaba contra mi mano. Ella gritaba, pero yo no me detuve, la giré para que sus tetas rebotaran con cada embestida, mi polla entrando hasta hacerle perder el aire. Cuando todos esos hentai le llenaban la boca, yo le llenaba el coño, corriéndome tan adentro que su cuerpo temblaba. Al final, solo quedó mi semen goteando entre sus muslos, mientras ella jadeaba: '¿Así que esto es lo que perdí?'.