Transformaciones de verga que te van a dejar con la boca abierta
Esa tarde en mi habitación, después de semanas de miradas robadas y roces accidentales, ya no aguanté más. Sabía que él había estado imaginando mi coño mojado, igual que yo soñaba con su polla gruesa entrando sin piedad. Cuando por fin me lo encontré en el pasillo, supe que era el momento: lo arrastré hasta mi cama, le bajé los pantalones y vi cómo su verga crecía ante mis ojos, más grande y dura que nunca. Me arrodillé y empecé a chupar, sintiendo cómo se hinchaba en mi boca, gruesa y palpitante. Él gemía, agarrándome del pelo mientras yo lo mamaba con desesperación, sintiendo cómo su leche caliente se acumulaba en sus pelotas. De pronto, me lanzó sobre la cama y me penetró de una estocada, llenándome entera de golpe. Cada embestida me hacía gritar, sintiendo cómo su polla me rozaba el cuello del útero, mientras sus manos apretaban mis tetas con fuerza. El sonido de nuestros cuerpos chocando resonaba en la habitación, y cuando por fin se corrió dentro de mí, su semen caliente me llenó hasta rebosar. Al terminar, él solo podía mirar mi cuerpo sudado y sonreír, sabiendo que había cumplido cada fantasía que ambos habíamos guardado por tanto tiempo.