Ella quiere que le revienten el culo en plena calle oscura
Él no debería estar ahí, menos todavía con una desconocida de curvas que lo mira como si fuera su próximo festín, pero la tensión entre ellos es insoportable. Ella se muerde el labio mientras le roza la polla con la mano, sintiendo cómo se endurece bajo sus dedos, y sabe que esto está mal, pero no puede parar. La noche los envuelve en sombras mientras él la empuja contra la pared, levantándole la falda para descubrir el coño empapado que lo espera, y gime cuando le mete dos dedos sin aviso. La calle está vacía, pero cualquier momento los pueden pillar, y eso solo la excita más, arqueándose cuando él la gira de golpe y le separa las nalgas para hundirle la lengua en el agujero. Ella jadea, agarralo del pelo para que no se detenga, pero él no tiene paciencia: saca la polla, la apoya contra su culo virgen, y de una sola estocada la parte en dos, llenándola hasta que sus muslos tiemblan. Ella grita, pero no por dolor, sino porque sabe que esto es lo que quería desde que lo vio, y ahora no puede parar, moviendo las caderas al ritmo de sus embestidas brutales. Él gruñe, agarrándole las tetas mientras la empala sin descanso, sintiendo cómo su coño se aprieta alrededor de su verga, hasta que no aguanta más y se corre dentro de ella, llenándola de leche caliente que chorrean por sus piernas. La calle sigue vacía, pero la adrenalina los mantiene conectados, atrapados en ese momento prohibido que nunca deberían haber permitido.