La milf me invitó a yoga y acabamos follando como locos
La muy zorra se puso unas mallas tan ajustadas que hasta se le marcaban los labios del coño sin ropa interior, y ahí empezó el infierno de ganas. En cuanto se agachó a estirar esa espalda de diosa con ese culo redondo y prieto apuntando al techo, no pude resistirme más y le metí la polla sin avisar, de golpe hasta el fondo. Ella soltó un gemido ahogado pero no paró de mover el culo hacia atrás, empalándose ella misma con cada embestida mientras sus tetas gigantes rebotaban sin control. Con una mano le agarraba el pelo y con la otra le apretaba la cintura, clavándola contra el suelo del salón mientras le susurraba lo puta que estaba por dejarme follarla así en su propia casa. Su coño estaba tan mojado que chorreaba por mis bolas con cada envite, y el sonido de sus jugos siendo aplastados por mi verga era música para mis oídos. Cuando noté que se le ponían los pezones duros como piedras y empezó a decir 'más fuerte, métemela toda' entre gritos, supe que iba a correrse en menos de un minuto. Le di la vuelta en un santiamén, la dejé de espaldas con las piernas abiertas y las rodillas pegadas a sus tetas, y ahí le solté una follada de esas que dejan marca: cada empujón le hacía saltar las tetas y le arrancaba un aullido que seguro que escucharon los vecinos. Cuando por fin le metí los dedos en la boca para que se los chupara mientras se corría, noté cómo su coño se contraía como un tornillo alrededor de mi polla y entonces yo mismo exploté dentro de ella, llenándole el útero con mi leche espesa mientras ella se mordía el labio inferior para no gritar como una posesa. Los dos quedamos tirados en el suelo, sudando y jadeando, con su cuerpo curvilíneo temblando de placer y mi semen goteando por sus muslos. La milf sonrió con malicia y me dijo que esto no se lo contara a nadie... pero las dos horas siguientes fueron pura acción sin parar.