El hijastro cachondo se divierte con las tetas gigantes de su madrastra
Te voy a contar cómo mi hijastro me desafió a ver si podía aguantar sus embestidas, pero terminó rogando por más. Todo empezó cuando me dijo: 'Madrastra, ¿crees que puedes manejar esto?' mientras me agarraba las tetas y me empujaba contra la pared. Sus manos grandes me apretaban los pezones, y yo solo podía gemir mientras su polla dura se frotaba contra mi culo. Le respondí: 'Demuéstrame de qué estás hecho, pero no pienses que te lo pondré fácil'. En menos de un minuto, ya estaba de rodillas, chupando su verga mientras él me jalaba el pelo. Mis tetas rebotaban con cada movimiento, y él no podía dejar de mirarlas, como si fueran un premio que quería ganar. '¿Te gustaría estar en su lugar?' te pregunto, porque este hijastro no se conformó con mi boca: me dio la vuelta, me abrió las nalgas y me empotró contra el sofá. Sus embestidas eran tan fuertes que el mueble se movía, y yo solo podía gritar mientras su polla entraba y salía de mi coño mojado. 'No te corras todavía', le advertí, pero él no me escuchó: me levantó las piernas, me abrió más y me clavó hasta que sentí que iba a romperme. Sus gemidos eran guturales, y los míos no se quedaban atrás, porque cada vez que me penetraba, mis tetas golpeaban su pecho. Al final, no aguantó más: se corrió dentro de mí con un gruñido, y su leche caliente me llenó entera. Cuando terminamos, solo quedó su bóxer tirado en el suelo, manchado de sudor y de mí.