Déjame que te folle el pelo mojado
Esa perra siempre viene con excusas para que le reviente el pelo entre los dedos mientras le meto los dedos en el coño empapado. Hoy no quiso ni discutir cuando la agarré de la nuca y le escupí en la boca antes de empujarle la cabeza contra el espejo del baño. Gimió al sentir cómo se le enredaban los mechones entre mis nudillos mientras le metía la polla hasta la garganta, ahogándose con cada embestida. Le encantaba que le tirara del pelo hasta hacerle llorar, suplicando que la follara más fuerte aunque ya le goteaba el coño sobre los muslos. Con una mano le apreté las tetas contra el frío azulejo mientras con la otra le abría bien el culo, sintiendo cómo se le ponía la piel de gallina cuando le lamí el ano antes de clavarle hasta los huevos. Cada vez que le tiraba del pelo se le escapaba un quejido que me ponía más duro, así que le di la vuelta y la empotré contra la pared, sujetándole la melena en un puño mientras le metía la verga hasta el fondo. La muy puta se corrió sin tocarse, gritando mientras su coño chorreaba baba sobre mis pelotas y le resbalaba por las piernas. Le escupí en la cara cuando ya no podía más, pero antes de que se limpiara le volví a meter la polla otra vez, esta vez sin piedad, hasta que se le aflojaron las rodillas y se dejó caer al suelo con la boca llena de semen. No tuvo tiempo ni de tragar antes de que le volviera a meter los dedos en el coño, esta vez para ordeñarle el último chorro de leche mientras le susurraba al oído lo buena que era su boquita para tragarme entero.