Coño depilado pide verga dura y corrida
La mamacita japonesa lleva días sin poder sacarse de la cabeza el sabor de su anterior follada casera con su marido, así que hoy decidió dejarle claro al cabrón exactamente lo que quiere: que le empotre su polla bien dura hasta dejarla sin aliento. Él llegó del trabajo con el pantalón ya marcando el bulto que no paraba de crecer, mientras ella, tirada en la cama con las piernas bien abiertas y el coño ya chorreando, se masturbaba con los dedos sin dejar de gemir su nombre. La cosa se puso caliente cuando él se quitó la camisa y ella vio cómo su verga se ponía tiesa como un palo, lista para meterle hasta el fondo, así que sin pensarlo más se la agarró con las dos manos y se la metió entera en la boca, chupando como una puta desesperada mientras él le agarraba la cabeza para irle metiendo la polla más adentro. La mamacita no tardó en ponerse a cuatro patas, con el culo bien en pompa y el coño empapado, suplicando que le diera duro, que la llenara de leche, que no parara hasta dejarla temblando. Él no necesitó más invitación: sus embestidas fueron brutales, con cada empujón su polla entraba hasta el fondo haciendo que ella gritara de placer, con los jugos sexuales resbalándole por los muslos mientras él le agarraba las tetas para apretarlas contra su pecho. El sonido de sus cuerpos chocando resonaba por toda la casa, mezclado con los gemidos ahogados de ella y los gruñidos de él, que no podía aguantar más la tentación de correrse dentro de ese coño tan apretado y mojado que lo estaba volviendo loco. Cuando por fin estalló, su leche caliente le inundó el útero a ella, que se corrió al mismo tiempo, con el cuerpo temblando y la boca abierta en un grito de éxtasis, los pezones duros como piedras y las uñas clavadas en las sábanas. Después, se quedaron abrazados, sudando y jadeando, sabiendo que no iban a parar hasta que la leche le chorriara por las piernas y el coño le ardiera de tanto placer.