Culo enorme de mi cuñada en acción
Desde que se mudó a vivir con ellos, no podía dejar de mirar aquel culo redondo y prieto cada vez que se agachaba a recoger algo del suelo. El short ajustado que usaba marcaba cada curva como si fuera un imán para sus ojos, y el solo pensar en clavarle la verga entre esas nalgas lo ponía más tieso que un palo. Una tarde de calor sofocante, mientras todos dormitaban la siesta, ella entró a la cocina a buscar algo fresco en la nevera. Él, fingiendo revisar el móvil, se acercó por detrás sin hacer ruido, sintiendo el aroma a vainilla que desprendía su piel sudorosa. Con un movimiento rápido, le arrancó el short de un tirón y le enterró la cara entre el coño empapado, lamiendo con avidez hasta que ella soltó un gemido ahogado entre risas nerviosas. La cuñada, lejos de protestar, se arqueó hacia atrás buscando más contacto, sus tetas pesadas rebotando al ritmo de los lengüetazos. Él se bajó el pantalón con una mano mientras con la otra le separaba las nalgas, mostrando aquel culo respingón listo para ser poseído. Sin preámbulos, la embistió de una sola vez, sintiendo cómo su verga se hundía en aquel coño estrecho y palpitante, resbaladizo por el jugo que ya le chorreaba entre las piernas. Las embestidas eran brutales, cada empujón hacía que su culo vibrante golpeara contra su pelvis con un sonido húmedo y obsceno, mientras ella chillaba y se agarraba al borde de la mesa para no caerse. Los gemidos se volvieron incontrolables, mezclando sudor, saliva y el olor a sexo que inundaba el ambiente, hasta que él la levantó contra la pared y la empaló de pie, con las piernas alrededor de su cintura y los tacones clavados en su culo. Cada embestida profunda le arrancaba un nuevo grito, sus uñas arañando la pintura de la pared, mientras él le mordisqueaba el cuello y le susurraba obscenidades al oído. Cuando sintió que el orgasmo la atravesaba como un relámpago, él se clavó hasta el fondo y se corrió dentro de ella con un gruñido gutural, sintiendo cómo su leche espesa resbalaba por las piernas de la cuñada mientras ambos se desplomaban sobre el suelo, jadeantes y satisfechos.