Vecina de culo prieto se deja empotrar en cuatro patas
La vecina de al lado no podía ocultar sus ganas cada vez que lo veía sudado después de entrenar, con esos músculos marcados y esa polla enorme que se le notaba bajo el short ajustado. Un día, mientras ella doblaba ropa en el balcón, él pasó rozando su culo prieto con la excusa de regarle una planta, y al sentir su mano deslizarse por su tanga mojado, supo que no habría vuelta atrás. La empujó contra la pared, le arrancó el tanga con los dientes y le metió dos dedos en el coño apretado mientras ella gemía como una perra en celo. La llevó a cuatro patas sobre la mesa de la cocina, le abrió las nalgas y le clavó la polla hasta el fondo, sintiendo cómo su coño caliente lo apretaba con cada embestida salvaje. Ella gritaba '¡Más duro, cabrón!' mientras él le agarraba las tetas y le azotaba el culo, dejando marcas rojas en su piel morena. Cuando ya no pudo aguantar más, le sacó la polla y le llenó el culo de leche espesa, corriéndose con un gemido gutural mientras ella se retorcía de placer. Al terminar, ella se lamió los dedos manchados de su propia crema y le susurró al oído: 'Esto es solo el principio, vecino.'