La vecina mojada se corre rápido de pie
La putita de al lado llevaba días restregándose contra el marco de la puerta cada vez que él pasaba con esa camiseta ajustada que le marcaba los abdominales. Él no pudo resistirse cuando la vio mordiéndose el labio inferior, con los muslos pegajosos de excitación, así que la empujó contra la pared del pasillo y le arrancó el vestido de un tirón. Ella jadeó al notar su polla dura frotándose contra su coño empapado, sin perder tiempo en preliminares porque ambos estaban que ardían. Él la levantó contra la pared, le sujetó el culo con fuerza mientras sus tetas rebotaban con cada embestida brutal, y ella soltó unos gemidos guturales que resonaron por todo el edificio. La fricción del coño contra su verga era tan intensa que sintió cómo se le escapaba el aire entre los dientes cada vez que la empotraba hasta el fondo, sintiendo cómo su humedad le resbalaba por los muslos. Ella se agarraba a sus hombros con uñas que le dejaban marcas mientras la cabeza le daba vueltas, sintiendo cómo la polla gruesa le abría cada centímetro de su interior hasta que no pudo aguantar más. Un chorro caliente de leche espesa le llenó el coño sin piedad mientras ella se corría en espasmos, con las piernas temblorosas y el cuero cabelludo erizado por el placer eléctrico que le recorría la espalda. Él no se detuvo ni un segundo, sigue embistiéndola hasta que los dos quedaron exhaustos, con las respiraciones entrecortadas y los cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. La escena terminó con ella desplomada contra la pared, con las piernas débiles y un reguero de corrida goteando por el muslo, mientras él se limpiaba la polla sucia con los dedos para chupárselos después con una sonrisa pícara. El pasillo quedó impregnado con el olor a sexo y piel sudada, pero a ninguno de los dos les importó una mierda en ese momento. La vecina salió de allí con las bragas hechas trizas y una sonrisa de oreja a oreja, sabiendo que la próxima vez no duraría ni medio minuto antes de que él la tuviera otra vez contra la pared.