Chiquitaimparable se destroza el chiquito con sus dedos traviesos
"¿Así te gusta, perra?" le susurró mientras se mordía el labio, sabiendo que cada movimiento de sus dedos en su coño mojado la volvía loca. Chiquitaimparable no podía resistirse a ese juego sucio, a ese ritmo lento que la tenía al borde del abismo. Se había pasado toda la tarde provocándola, mandándole fotos de su cuerpo desnudo, rozando su culo contra ella en el sofá, hasta que al final no aguantó más y la empujó contra la pared para hacerla suya. Ahora, con los dedos enterrados hasta las pelotas en su humedad, podía sentir cómo su coño se apretaba alrededor de ellos, cómo cada gemido que escapaba de sus labios era más desesperado que el anterior. "No pares, no pares" suplicó, pero Chiquitaimparable disfrutaba demasiado el control, el poder de decidir cuándo dejarla correrse. Sus uñas arañaban la espalda de la otra, dejando marcas rojas que ardían con cada embestida de sus dedos, mientras su clítoris palpitaba bajo la presión implacable. El sonido de su coño chorreando llenaba la habitación, mezclándose con los jadeos y los golpes húmedos de la penetración. "Voy a correrme, voy a correrme" gritó, pero Chiquitaimparable solo sonrió, sabiendo que podía alargarle el placer todo lo que quisiera. Sus dedos se movían más rápido ahora, más profundos, hasta que de repente sintió cómo el cuerpo de la otra se tensó, cómo su coño se contraía en espasmos violentos, y entonces, sin previo aviso, se vino con un grito ahogado, empapando sus manos con su leche caliente. Pero Chiquitaimparable no se detuvo ahí, no, porque aún le quedaba mucho por darle a esta puta desesperada.