La morena dulce se cabalga la polla bien gorda
La morena de tetas grandes llegó con ese vestido ajustado que le marcaba el culo hasta el punto de que él no pudo evitar morderse el labio al verla pasar. Con una sonrisa pícara, ella tiró la bandeja de fresas sobre la mesa y le ordenó que se quitara la camiseta para ver mejor cómo le chupaba los pezones duros mientras le agarraba el pelo con fuerza. Él no perdió tiempo y le arrancó las bragas de un tirón, dejando al descubierto un coño empapado que olía a azúcar y a ganas de follar sin control. Ella se montó encima de él sin piedad, clavándole las uñas en los hombros mientras se empalaba con su polla enorme hasta que los dos gemían como animales. Los pechos le rebotaban con cada embestida, salpicando leche en su piel cada vez que el gordo tronco le llegaba hasta la garganta. Él le agarró las caderas y la empujó contra la pared, follándosela de pie mientras ella le suplicaba que no se detuviera, que le reventara el coño con esa verga que ya le dolía de tanto meterla y sacarla. Cuando él sintió que el semen le quemaba las pelotas, la agarró del pelo y le gritó que se corriera con él, que quería sentir cómo su leche caliente le resbalaba por el coño palpitante mientras ella se ahogaba en sus propios gritos de placer. La morena se dejó caer sobre su pecho, jadeando y con las piernas temblorosas, mientras él le lamía los pezones sudorosos y le susurraba al oído que la próxima vez se la follaría en la cama con más calma... aunque eso seguro que no duraría ni cinco minutos.