Chico solo gimiendo fuerte con su polla dura
El tipo se quedó solo en su habitación, con la polla bien dura y las ganas a mil, listo para darse un buen gusto. Se quitó los pantalones de un tirón, dejando al aire su verga gruesa y palpitante, ya mojada de puro calentón. Se echó un poco de lubricante y empezó a masajearse con fuerza, gimiendo como un puto cada vez que sus dedos apretaban la punta sensible. Las embestidas eran profundas, llenando el cuarto con el sonido húmedo de su mano moviéndose rápido sobre el tronco grueso. El calor le subía por el cuerpo, los músculos de las piernas se tensaban con cada empujón, y el coño imaginario de alguna puta lo volvía loco de excitación. Cuando ya no aguantó más, apretó los dientes y se corrió a chorros, la leche blanca salpicando su abdomen mientras gemía como un animal. Se quedó jadeando, la polla aún temblando, con ganas de más pero satisfecho por ahora. El olor a sexo y sudor llenaba el ambiente, y solo quería repetirlo otra vez. Se limpió con la mano, disfrutando el sabor salado de su propia corrida antes de recostarse, exhausto pero con la mente llena de fantasías sucias.