La vecina se masturba con la polla enorme
La vecina llevaba días espiándolo por la ventana mientras se duchaba, pero hoy se hartó de mirar y entró como una furia a su casa con los ojos brillantes de lujuria. Él ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar cuando ella le agarró la verga dura como una roca y se la frotó contra su coño empapado sin decir ni una palabra. La tela del vestido se le pegaba al cuerpo sudoroso mientras se arrodillaba frente a él, con los labios pintados entreabiertos y la saliva resbalando por su mentón. Él gruñó cuando ella le lamió el glande con la punta de su lengua, sintiendo cómo el sabor salado le recorría la garganta mientras sus gemidos llenaban el cuarto. La vecina no se conformó con chupársela, sino que se subió a horcajadas sobre su regazo, clavándose la polla hasta el fondo mientras sus tetas rebotaban al ritmo de cada embestida. El sonido de sus muslos chocando contra su pelvis resonaba en la habitación junto con los gritos ahogados de ella, que no paraba de repetir lo mucho que le gustaba sentirlo dentro. Él le agarró las caderas con fuerza, hundiéndola más contra su cuerpo cada vez que ella intentaba levantarse, y cuando sintió que el orgasmo se acercaba, le tapó la boca con la mano para ahogar sus gritos. Ella se corrió gritando, con su coño apretando la verga como si no quisiera soltarla nunca, mientras él le llenaba las entrañas con chorros espesos que la dejaron temblando y completamente satisfecha.