Nuestra partida de billar terminó en un polvo salvaje
La mesa de billar estaba llena de cervezas y risas cuando ella se inclinó para tomar un tiro, mostrando ese culo redondo y apretado que él no podía dejar de mirar. La falda corta se le subió un poco más de lo necesario, dejando ver el encaje de sus bragas, y él no pudo resistirse a acercarse por detrás, rozando su polla dura contra su culo mientras le susurraba al oído: '¿Te gusta que te mire así, puta?'. Ella gimió, arqueando la espalda para que él sintiera mejor su coño ya mojado, y sin pensarlo dos veces, él le bajó las bragas de un tirón y le metió dos dedos dentro, haciéndola jadear de placer. La mesa de billar temblaba con cada embestida mientras él la empotraba contra ella, su polla entrando y saliendo de su coño chorreante, los tacos de billar rodando por el suelo con el movimiento. Ella gritaba '¡Más fuerte, cabrón!' mientras él le agarraba el pelo y le clavaba la polla hasta el fondo, sintiendo cómo su culo se apretaba alrededor de su verga. El sudor les caía por la espalda, los gemidos se mezclaban con el sonido de la carne chocando, y cuando él sintió que ya no aguantaba más, sacó la polla y le corrió toda la leche en la espalda, marcándola como suya. Ella se dejó caer sobre la mesa, exhausta pero satisfecha, con el coño palpitando y la cara llena de una sonrisa de puta complacida.