Fabrica hizo un molde de tu cuerpo con silicona
La fábrica no se conformó con mirarte, sino que te escaneó hasta el último centímetro de tu piel sudorosa mientras te movías como una perra en celo, con las tetas rebotando y el coño chorreando por el calor de la máquina pegajosa que te recorría de arriba abajo. La luz roja del escáner te recorrió el culo apretado, marcando cada curva de tu figura mientras te susurraban al oído lo rica que vas a quedar una vez que el líquido caliente te recubra entera, dejando cada vello, cada lunar, cada pliegue de tu piel perfectamente copiado en ese molde que pronto se endurecerá como una segunda piel sintética. Cuando te quitaron el molde, tu coño estaba tan mojado que la silicona se deslizó entre tus piernas como un hilo brillante, pegándose a tus muslos mientras un técnico te palmeaba el culo con fuerza y te decía que ya eras suya, que ese molde iba a servir para hacer réplicas exactas de tu cuerpo, réplicas que luego rellenarían con algo mucho más caliente que la silicona. Te empujaron contra la pared fría del taller, con las manos atadas a la espalda y la polla de uno de ellos frotándose contra tu ano mientras te susurraban que tu molde ya estaba listo para ser usado una y otra vez, que ahora mismo te iban a rellenar hasta que el material te quemara por dentro igual que esa verga gruesa que te abría paso sin piedad. Los gemidos resonaban en el taller sucio mientras te empotraban contra la mesa de metal, con los senos aplastados contra el frío y la silicona aún fresca goteando de tu coño, mezclándose con los jugos que te brotaban sin control. Cada embestida era más profunda que la anterior, cada sonido de carne chocando contra carne te hacía gritar más fuerte, hasta que por fin el tipo se corrió dentro de ti con un gruñido animal, dejando tu interior tan lleno que la leche se escurría por tus muslos mientras el molde de tu cuerpo seguía ahí, tieso y brillante, esperando su turno para ser reutilizado una y otra vez. La fábrica te había convertido en algo más que un cuerpo, te había convertido en un juguete sexual sin fin, en una puta de silicona que nunca se cansa ni se queja.