Confesión a una feíta por un castigo y terminó embarazada
—Te voy a hacer pagar por lo que hiciste, perra— susurró él mientras la empujaba contra la pared del baño. Ella, con las bragas mojadas de anticipación, sintió cómo su polla dura como piedra se frotaba contra su culo antes de que él la girara de golpe. Imagínate el riesgo: en cualquier momento podía entrar su marido, que estaba en la sala viendo televisión. Pero ella no podía resistirse, no cuando él le arrancó el vestido de un tirón y le hundió la cara entre las piernas. Sus gemidos ahogados se mezclaban con el sonido de la ducha corriendo, tratando de cubrir el ruido de su lengua chupando su coño empapado. Él no perdía tiempo, le metía los dedos hasta hacerla temblar, y cuando ella ya no aguantaba más, la levantó en peso y la empotró contra la pared, clavándole la verga de una sola estocada. Cada embestida la hacía chocar contra los azulejos, sus tetas rebotando con cada movimiento, y él le tapaba la boca para que no gritara demasiado fuerte. El peligro de que los descubrieran solo los excitaba más, y cuando él le dio la vuelta y la penetró por atrás, ella mordió la toalla para no delatar el placer. Sus caderas chocaban con fuerza, y él le agarraba el pelo para tirarle la cabeza hacia atrás mientras le susurraba obscenidades al oído. El sudor les corría por la espalda, y cuando él sintió que ya no podía aguantar más, la empujó contra el lavabo y se corrió dentro de ella, llenándola entera. Ella se quedó quieta, sintiendo cómo su leche caliente le goteaba por los muslos, y justo en ese momento...