Chupando los deditos de los pies con ese culo enorme
“No deberíamos hacer esto”, susurra ella, pero sus ojos brillan de excitación mientras se inclina para rozar con los labios los dedos de sus pies. Él la mira con una sonrisa pícara, sabiendo que esto está mal, pero no puede resistir el calor que le sube por las venas. Sus manos agarran con fuerza las nalgas redondas y firmes, apretándolas mientras su lengua recorre cada centímetro de piel suave. Ella gime bajito, arqueando la espalda para ofrecerle mejor acceso, su coño ya húmedo y palpitante. Él no puede evitar deslizar un dedo entre sus muslos, sintiendo la humedad caliente que lo espera. “Esto es una locura”, piensa ella, pero no se aparta cuando él la gira para que su culo perfecto quede frente a su cara. La lengua de él recorre la raja húmeda antes de hundirse en su ano, haciendo que ella se retuerza de placer. Las uñas de ella se clavan en la alfombra mientras él la penetra con los dedos, moviéndose al ritmo de sus gemidos. El sudor les cae por la espalda, mezclándose con el aroma intenso de su lujuria prohibida. Cuando por fin él se corre, su leche blanca mancha los dedos de sus pies, brillando bajo la luz tenue. Ella se queda temblando, con los labios entreabiertos y el cuerpo marcado por el placer. En el suelo, una de sus medias queda olvidada, enrollada como un testigo silencioso de su pecado.