Annabust juega con yogur entre sus piernas de nylon y sus tacones
La sala estaba en penumbra, con solo la luz tenue de la lámpara de pie iluminando mis piernas enfundadas en medias negras de nylon que brillaban como seda húmeda. El aire olía a vainilla y azúcar, porque había abierto un pote de yogur griego espeso para untarlo entre mis muslos, sintiendo cómo resbalaba por mis labios ya mojados. No sé qué me pasó, pero me encanta jugar con la comida y hoy me apetecía hacerlo con mis piernas abiertas, deslizando el yogur frío por mi coño caliente mientras me arqueaba de placer. De repente, sentí que algo dentro de mí se despertaba, una corriente eléctrica que subía por la columna cuando el yogur se mezclaba con mis fluidos, y no pude evitar gemir fuerte al notar cómo mi clítoris se hinchaba bajo el tacto cremoso. Fue entonces cuando descubrí algo nuevo: el contraste del yogur helado con mi calor interno me volvía loca, y cada vez que lo extendía más arriba, más cerca de mi culo, la sensación se volvía más intensa. No me controlaba, y menos cuando mis dedos se hundían hasta las articulaciones, llevando la mezcla pegajosa hasta el fondo de mi coño mientras me retorcía en el sofá. El yogur goteaba por mis muslos, manchando las medias, pero no me importaba, solo quería más, más profundo, más salvaje. No sé cuánto tiempo estuve así, perdida en mi propio mundo, hasta que una voz ronca detrás de mí susurró: 'Parece que el yogur no es lo único que está derritiéndose aquí, ¿verdad, zorra?'