Sakura se deja empotrar hasta correrse gritando
Sakura siempre tuvo esa mirada traviesa que me ponía la polla dura cada vez que la veía en pantalla chupándose los labios con esa lengua juguetona. Un día, harta de tanto juego, me agarró de la corbata y me llevó a su habitación llena de luz morada donde los posters de anime titilaban como si fueran estrellas. Sin perder un segundo, me arrancó la camisa y se tiró sobre mí con esos pechos firmes apretándome contra el colchón mientras sus gemidos agudos llenaban el aire. Me chupó la verga con tanto ahínco que sentí la cabeza a punto de explotar, su boca caliente y húmeda tragándose cada centímetro hasta que los huevos me dolieron de tanto placer. La puse a cuatro patas y le metí la polla hasta el fondo, sintiendo su coño bien mojado y estrecho abrazándome como si no quisiera soltarme nunca. Cada embestida hacía que sus nalgas temblaran y sus gritos se volvieran más agudos, su culo rosado brillando bajo la luz tenue mientras la empotraba sin piedad. Cuando noté que sus muslos empezaban a temblar y su coño se contraía alrededor de mi verga, supe que iba a correrse fuerte, así que le agarré las caderas con fuerza y le metí hasta el fondo una última vez. Sakurita chilló como una puta en celo, arqueando la espalda mientras su corrida me inundaba la polla hasta resbalar por sus piernas, dejándola completamente mojada y jadeante. Se dejó caer sobre el colchón con la respiración entrecortada, los ojos vidriosos y una sonrisa pícara mientras me susurraba al oído que quería más, que la empotrara otra vez hasta dejarla sin fuerzas.