Qween Goddess te domina con su cuerpo de diosa y su boca insaciable
—'Chúpame los pies, perra, y no te atrevas a parar hasta que yo te lo diga.' Así empieza todo, con Qween Goddess sentada en la cama, sus piernas abiertas y sus tacones clavándose en tu espalda mientras te arrastra hacia su piel de porcelana. Sientes el tacto de sus pies descalzos rozando tu cara, el olor a sudor y perfume barato mezclándose en el aire. Ella te agarra del pelo y te empuja hacia su coño depilado, ya mojado de anticipación, mientras te ordena que le comas el clítoris como si fuera un caramelo. Te la chupas con la lengua plana, sintiendo cómo sus muslos se tensan y sus gemidos se vuelven más agudos. De pronto, te aparta de un tirón y te obliga a arrodillarte frente a su culo perfecto, donde te manda a besar cada centímetro de su piel antes de meterle los dedos hasta que grita. Luego, te sientas en la silla y ella se monta sobre tu polla, cabalgándote con fuerza mientras te humilla por no durar más. Te la follas desde abajo, sintiendo cómo sus tetas rebotan en tu cara, hasta que ella decide que es su turno y te empuja contra la pared para empalarse en tu verga como una loca. Te corres dentro de su coño, pero ella no te deja salir, apretando sus paredes vaginales hasta que no queda ni una gota. Cuando termina, Qween Goddess se limpia la boca con el dorso de la mano y te mira con desdén, como si fueras un juguete usado.