Padrastro se confunde y le mete toda la polla a su hijastra
La luz de la habitación está tenue, con solo la lámpara de la mesita de noche encendida, proyectando sombras bailarinas sobre las sábanas revueltas. Sientes cómo el aire está cargado, pesado de deseo prohibido, mientras el padrastro entra sin mirar, creyendo que es su esposa la que lo espera en la cama. Pero en cambio, ahí está Indiana Jones, su hijastra, con ese culo perfecto arqueado, el tanga negro apenas cubriendo lo esencial, las nalgas redondas y jugosas pidiendo a gritos que las agarren. Te acercas, confiando en la oscuridad, y al sentir la piel suave bajo tus dedos, ya no hay vuelta atrás. Le das una palmada fuerte en el trasero, escuchando cómo gime ahogadamente, y entonces sabes que esto está mal, pero no puedes parar. Te inclinas sobre su espalda, mordisqueando el hombro mientras tus manos exploran cada curva, cada centímetro de esa piel que arde bajo tu contacto. Le levantas la falda sin cuidado, dejando al descubierto esa concha ya mojada, los labios hinchados brillando bajo la luz tenue. La penetras de una sola estocada, sintiendo cómo su cuerpo se tensa y luego se rinde, cerrándose alrededor de tu verga como un guante perfecto. Cada embestida es más rápida, más profunda, hasta que sus gemidos se vuelven gritos y sus uñas se clavan en las sábanas. Le agarras el pelo, tirando hacia atrás mientras la empotras contra el colchón, sintiendo cómo su culo rebota con cada movimiento. El sudor corre por tu espalda, mezclándose con el aroma de su excitación, y sabes que no podrás durar mucho más. Le das una nalgada fuerte, escuchando cómo chasquea en el aire, y con un último empujón brutal, te corres dentro de ella, llenándole el coño con tu leche caliente mientras su cuerpo tiembla bajo el tuyo. Cuando por fin te apartas, ella te mira con esos ojos vidriosos y te susurra: '¿Vas a limpiarme otra vez, papi?', retándote a seguir donde lo dejaste.