Me corro en el culo de mi amiga colombiana mojada
Llegó borracha de la fiesta y yo, que nunca resisto un coño mojado y unos labios rojos, no pude evitar meterle los dedos en la tanga empapada mientras le susurraba al oído que su novio se la comía con los ojos cada vez que se le pegaba. Ella me clavó las uñas en la espalda y me arrastró hasta el sofá donde ya tenía la polla tan dura que parecía a punto de reventar el pantalón, así que le arranqué el vestido de un tirón y le lamí los pezones duros como piedras mientras ella gemía que quería sentirme dentro aunque fuera solo por una vez. La puse a cuatro patas sobre el colchón y le abrí bien las nalgas para escupirle en el culo, que brillaba bajo la luz de la luna filtrada por la ventana: estaba caliente, húmedo y listo para que la empotrara sin piedad. Con una mano le agarré la cintura y con la otra le tapé la boca para ahogar sus gritos cuando le metí la verga de una sola vez, sintiendo cómo su carne se abría y se ajustaba como un guante alrededor de mi polla palpitante. Ella arqueó la espalda y soltó un quejido ahogado mientras yo le daba estocadas profundas que hacían temblar la cama, cada embestida le arrancaba un nuevo gemido y le dejaba el culo enrojecido y brilloso por el sudor y el deseo. Le mordí el hombro para callarla cuando noté que sus paredes internas empezaban a contraerse alrededor de mi miembro, avisándome de que se venía, así que le agarré las caderas con más fuerza y le metí la polla hasta el fondo mientras ella se corría gritando mi nombre entrecortado, con el coño chorreando y el culo apretando mi verga como si no quisiera soltarme nunca. Cuando sentí que sus músculos no podían más, me dejé ir dentro de ella sin protección, llenándole el culo de leche caliente mientras le susurraba al oído que esa noche no habría nadie más que nosotros, ni su novio ni sus amigas, solo mi polla metida hasta las pelotas en su trasero tembloroso y sudado. Ella se dejó caer sobre el colchón jadeando, con las piernas aún temblorosas y el olor a sexo flotando en el aire como un perfume barato y delicioso, mientras yo me limpiaba el sudor de la frente y le prometía que la próxima vez la follaría con más calma... aunque dudo que alguna vez lo hagamos.