Lilly Bell bailando su culo para el hermano de su padre
Esa tarde en la habitación de Lilly Bell, con las cortinas corridas, te la encontraste bailando frente al espejo, moviendo ese culo prieto como si nadie la viera. Sus tetas saltaban con cada sacudida de cadera, los pezones duros pidiendo atención, pero tú eras quien mandaba allí. 'Baila mejor para mí', le ordenaste, y ella bajó la mirada, obediente, mientras se mordía el labio. Con un movimiento lento, se agachó hasta quedar a cuatro patas, el coño depilado brillando de lo mojada que estaba, y tú no pudiste resistirte: te acercaste, le agarraste ese pelo rubio y le empujaste la cara contra tu polla dura. 'Chúpame como una buena puta', gruñiste, y ella obedeció, tragándose cada centímetro hasta que las lágrimas le nublaron los ojos. Cuando ya no pudo más, la volteaste, le abofeteaste las nalgas rojas y le metiste la verga hasta las pelotas en una sola estocada, haciéndola gritar. '¡Por favor, más fuerte!', suplicó, y tú se lo diste, golpeando ese culo perfecto hasta que el ruido de la carne resonó en toda la habitación. Michael Swayze, desde el rincón, observaba cómo te corrías dentro de su hermana, marcándola como tuya para siempre. La próxima vez le harás tragar hasta la última gota.