La polla negra le reventó el culo en público
Yo ya no aguantaba más verla mover ese culo perfecto frente a mí cada día en la oficina, con esa blusa ajustada que dejaba ver sus tetas grandes y ese trasero redondo que pedía a gritos que se lo empotraran. La tensión entre nosotros era insoportable, con miradas robadas y roces "accidentales" que nos dejaban mojados de ganas. Cuando por fin la invité a ese bar oscuro, supe que no saldría de ahí sin haberla llenado entera. La senté en mi regazo y le susurré al oído lo que le haría, mientras mis dedos ya exploraban su coño chorreante. Ella gimió cuando le bajé el pantalón y le clavé la lengua en el culo, preparándola para lo que venía. La gente alrededor no podía ver, pero escuchaban sus gemidos ahogados cuando me la monté por detrás, metiéndole la polla gruesa hasta que las caderas chocaron contra su carne. Cada embestida la hacía gritar más, hasta que le corrí adentro mientras ella se retorcía de placer. La próxima vez, será en mi casa... y no habrá testigos.