Esclavas romanas obedientes follan con polla negra gruesa
Isabella te voy a contar cómo mi amiga y yo nos arrodillamos ante esa polla negra gruesa en el estudio de la villa. Escuchamos voces al otro lado de la puerta y bajamos el tono para no alertar al marido que podría entrar en cualquier momento. Nuestras manos acariciaron primero el tronco grueso mientras las lenguas subían y bajaban por toda la longitud hasta dejarla brillante de saliva. Nos pusimos de espaldas con los culos en alto para que él pudiera elegir cuál meter primero y sentimos cómo se abría paso centímetro a centímetro dentro de mi amiga. Yo me mordí el labio para ahogar el gemido cuando llegó mi turno y las caderas golpearon contra mi piel con fuerza controlada. El riesgo de que alguien abriera la puerta nos obligó a movernos más rápido y a taparnos la boca con la mano. Ella se corrió primero con un temblor que recorrió todo su cuerpo y yo seguí poco después apretando las paredes alrededor de esa polla hasta sentirla palpitar. Al final él se retiró y dejó una mancha blanca sobre la tela oscura del cojín del suelo.