La playa fue mi perdición: me destrozó un pollón enorme
El sol quemaba mi piel mientras caminaba por la arena, sintiendo cómo el bikini nuevo se ajustaba a mis curvas. No imaginaba que ese día terminaría con mi coño estirado hasta el límite por un negro que no me dejó ni respirar. Desde que lo vi, supe que quería esa polla gruesa dentro de mí, pero él jugó conmigo, ordenándome que me arrodillara y chupara hasta que mi boca estuviera llena de su leche. Me obligó a gemir como una perra en celo mientras me empotraba contra la arena, sintiendo cómo cada embestida me hacía chocar contra sus caderas. Le supliqué que me dejara correrme, pero solo se rio y me dio más duro, hasta que mi coño ardía y mis piernas temblaban. Cuando por fin me permitió explotar, grité tan fuerte que los pájaros volaron, y él me llenó hasta rebosar. Ahora, al recoger mi bikini roto, aún siento su semen escurriendo por mis muslos.