La madrastresa le ofrece el culo al hijastro para que se vacíe entero
Te agarra del cuello y te arrastra hasta la cama, sus tetas enormes rebotando mientras te empuja contra el colchón con esa mirada de furia celosa que ha guardado por meses. Sientes cómo te clava las uñas en la espalda mientras se sube sobre ti, su coño rasurado y rosado dejando un rastro húmedo en tu estómago antes de que te lo pida a gritos: '¡Métemela hasta las pelotas, maldito!' Su culo redondo y firme se abre para ti, mostrando ese agujero prieto que tanto ha provocado a su esposo. Al principio te resistes, pero cuando te hunde la cara entre sus nalgas y te obliga a lamerle el ojete, pierdes el control y le clavas la lengua sin piedad. Ella gime como una perra en celo, retorciéndose mientras te chupa la polla con rabia, escupiendo antes de montarse de espaldas y bajando de una estocada hasta que sientes cómo su ano aprieta cada centímetro. Sus tetazas rebotan con cada embestida, chocar contra tu pecho mientras te grita obscenidades: '¡Así se folla a una mujer de verdad, no como ese cornudo!' La sientes correrse con un gemido ahogado, su culo vibrando alrededor de tu verga, y entonces te explotan los huevos, llenándola hasta que el semen le escapa por las nalgas. Cuando te apartas, ves la marca de tus dedos morados en su cadera, el tanga destrozado en el suelo y una mancha pegajosa en la sábana.