La madrastra de Diego lo atrapa y lo hace correrse como un puto
El sonido de la puerta al cerrarse de golpe me hizo saltar, pero no fue el miedo lo que me mojó el coño, sino la idea de lo que estaba a punto de hacerle a mi hijastro. Diego entró con esa mirada de cachorro asustado, pero yo ya tenía la polla de Coal Daniel en la boca, chupando como si fuera mi última comida. Le dije que se acercara, que no iba a dejar que su padre me tratara como una puta mientras yo tenía un coño que necesitaba atención. Le bajé los pantalones de un tirón y le metí la verga hasta que sus gemidos llenaron la habitación. Sabía que estaba mal, pero cuando lo vi correrse sobre mis tetas pequeñas, no pude evitar reírme mientras me limpiaba la leche con los dedos. Al final, solo quedó el olor a sexo y el reloj de pared marcando las horas que faltaban para que mi marido llegara a casa.