La rusa de tetitas pequeñas quiere polla dura en su coñito apretado
Escuché cómo la puerta se cerraba con un golpe seco cuando Paul R entró a la habitación, y supe que ya no había vuelta atrás. Me había pasado el día provocándolo: fotos en ropa interior, rozando su polla cada vez que pasaba, ardiendo por dentro mientras él fingía indiferencia, pero ahora sus ojos no mentían. Valentina Noro, con sus muslitos temblorosos y el culo respingón en pompa, ya no podía contenerse: cuando se arrodilló frente a él, chupando con fuerza hasta que los labios le quedaron hinchados, supe que iba a romperme. En más de 18 minutos, Paul no aguantó más y me empotró contra la cama, clavándome la verga hasta que el coño me ardía, mientras mis gemidos se mezclaban con el sonido de los huevos golpeando mi culo. Sentí cada centímetro entrando y saliendo, el sudor mezclándose con los fluidos, hasta que él explotó dentro de mí con un gruñido. Y cuando se corrió, yo seguí temblando, preguntándome si alguna vez dejaría de quererlo así.