La europea que se vuelve loca por la polla negra de Louie Smalls
Esa tarde en el hotel de Miami, Niykee Cruz no había parado de provocarlo desde que se subió al ascensor con ese vestido ajustado que apenas cubría su culo perfecto. Cada vez que se inclinaba para recoger algo, dejaba ver el tanga negro que apenas contenía sus nalgas redondas, y cuando se sentó frente a él en la barra, cruzó las piernas de tal manera que Louie no podía dejar de mirar cómo el vestido se subía hasta medio muslo. Le mandó fotos de su escote mientras él intentaba concentrarse en el trabajo, y cuando por fin se acercaron, ella le pasó la mano por el paquete con descaro, riéndose al sentir lo duro que ya estaba. No hubo preámbulos: lo llevó a la habitación y se arrodilló de inmediato, chupando esa verga negra como si no hubiera mañana, gimiendo cada vez que la tomaba hasta las pelotas. Louie le agarró el pelo mientras ella le lamía los huevos, y cuando ya no pudo más, la empujó contra la pared para empotrarla de una estocada, sintiendo cómo su coño apretado lo envolvía como un guante. Niykee gritaba cada vez que él le daba con fuerza, mordiéndole el hombro mientras le clavaba las uñas en la espalda. En más de 11 minutos de escena, la europea no paró de retorcerse, pidiendo más y más, hasta que Louie la volteó y le metió la polla por detrás, viendo cómo su culo rebotaba con cada embestida. Cuando por fin se corrió, lo hizo dentro de ella, llenándola hasta que el semen le goteó por los muslos. —¿Ves? Sabía que no podrías resistirte —dijo Niykee, limpiándose los labios con una sonrisa de puta satisfecha.