La empleada Secret Latina se arriesgó a follar con el jefe en la oficina
Él siempre me miraba el culo cuando pasaba con la aspiradora, pero hoy no aguanté más y me incliné sobre el escritorio para que viera bien mis nalgas redondas y mojadas. Mi coño ardía de ganas mientras escuchaba sus pasos acercarse, y cuando me agarró por la cintura, supe que no había vuelta atrás. Le susurré que me empotrara duro contra la ventana, con cuidado de que nadie nos viera desde el edificio de enfrente. Cada embestida me hacía gemir más fuerte, pero me tapaba la boca para que no nos descubrieran. Sentía su polla gruesa entrando hasta las pelotas, y el sonido de su piel chocando contra mi culo me volvía loca. El miedo a que entrara alguien en cualquier momento me excitaba aún más, y cuando por fin se corrió dentro de mí, tuve que morderme el labio para no gritar. Al terminar, vi su semen escurriendo por mis muslos mientras me arreglaba la falda rápidamente, rezando para que nadie hubiera escuchado los gemidos ahogados.