Rosebrutal domina con su culo gigante en el sofá
Nunca había querido tanto a alguien que no podía tener, pero cuando Rosebrutal se inclinó frente a mí en ese sofá, con su culo perfecto en pompa y el tanga apenas cubriendo lo que más necesitaba probar, mi polla ya estaba lista. Sabía que esto estaba mal, que era la vecina de mi mejor amigo y que no debíamos, pero su mirada me dijo que ella también lo deseaba, que ese coño estaba mojado solo por mí. Agarré sus nalgas con fuerza y separé sus mejillas para ver cómo brillaban sus labios, hinchados y rojos, pidiendo a gritos que les diera lo que merecían. Me hundí en ella de una estocada, sintiendo cómo sus paredes me apretaban como si no quisieran soltarme, y cuando empezaron a gemir, supe que había perdido el control. Rosebrutal movía sus caderas hacia atrás, empalándose hasta que mis huevos chocaban contra su piel, y cada vez que me clavaba hasta las pelotas, gemía mi nombre como si fuera una maldición. Sus gritos se hicieron más fuertes cuando cambié el ritmo, embistiéndola con fuerza, sintiendo cómo su cuerpo temblaba bajo mis manos. Sabía que no debía correrme tan pronto, pero cuando me senté y la tomé de las caderas para rebotarla sobre mi polla, vi cómo su cuerpo se arqueaba y comprendí que no duraría. Rosebrutal me miró con esa sonrisa de puta que sabe que me tiene dominado y susurró: '¿Ya te vas a venir, o necesitas que te ayude?'