Jon Q. le parte el culo a una negra de nalgas monstruosas
Me estaba aferrando al sofá con los nudillos blancos cuando Jon Q. entró por la puerta, mirándome con esa sonrisa que ya conocía bien. Mi coño ardía de solo pensar en lo que vendría, pero esta vez quería su polla negra enterrada en mi culo, sin importar quién pudiera escucharnos. En más de 27 minutos de escena, cada gemido mío tenía que ser ahogado contra los cojines, con el corazón desbocado por el riesgo de que alguien del piso de abajo escuchara los gritos cuando me penetró hasta las bolas. La tensión de sus manos agarrotadas en mis caderas marcaba el ritmo, cada embestida más brutal que la anterior, y yo solo podía morderme el labio para no soltar un alarido cuando sus pelotas golpeteaban contra mi carne. El sudor mezclado con el olor a sexo se volvió insoportable, y justo cuando estaba por correrme, Jon Q. se salió de golpe y me obligó a abrir la boca, llenándome la garganta con su leche espesa mientras yo seguía temblando, consciente de que en cualquier momento podían aparecer. La próxima vez, exigiré que me folle contra la ventana para que todos los vecinos sepan quién manda aquí.