Hermanastra de culo divino me reta a follarla como dios manda
El cuarto estaba lleno de velas aromáticas y una música sensual de fondo, pero nadie se imaginaba lo que iba a pasar cuando mi hermanastra se quitó la ropa dejando ese culo perfecto al descubierto. Yo ya la había visto antes, pero esta vez era distinto: me lanzó un reto directo, con esa mirada desafiante que me hacía hervir la sangre. ‘¿Crees que puedes manejar esto, hermanito?’ dijo mientras se mordía el labio, y antes de que pudiera responder, ya me estaba arrodillando para chuparle esas tetas pequeñas pero firmes. Su piel olía a jazmín y su coño estaba mojadísimo, pero ella no quería jueguitos, solo quería sentir mi polla dura hasta las pelotas. Cuando se puso en cuatro, su culo redondito y perfecto me volvió loco, así que la agarre de las caderas y la penetré de una estocada, haciendo que gimiera como una perra en celo. Cada embestida la hacía gritar más fuerte, y sus uñas se clavaban en las sábanas mientras yo la empotraba sin piedad. ‘Más fuerte, no te detengas’, me gritó, y entonces aceleré el ritmo, escuchando el sonido de su culo chocando contra mis caderas. Su coño apretado me apretaba la polla como un tornillo, y supe que no aguantaría mucho. ‘Córrete dentro de mí’, me exigió, y en ese momento, la llené de leche caliente mientras ella se retorcía de placer. Pero antes de que pudiera recuperar el aliento, ella se giró y me miró con esa sonrisa pícara: ‘Esa fue solo la primera ronda, hermanito’...