Hijastra asiática me pide follarme en secreto su culito apretado
Ese día en la cocina, entre risas y miradas furtivas, supe que no podía esperar más. Ella, con su culito perfecto, me arrinconó contra la encimera y me susurró al oído que quería mi polla dentro de ella, apenas cubiertos por el sonido del lavaplatos. Sus manos temblorosas bajaron mis pantalones mientras yo escuchaba los pasos de su padre en el piso de arriba, imaginando que en cualquier momento podría aparecer y pillarnos. Mis dedos se hundieron en su culo húmedo, sintiendo cómo se estremecía cada vez que rozaba su agujerito apretado, gimoteando para que no la oyera nadie. La empujé contra la mesa, levantando su falda para enterrar mi lengua en su coño mojado, sabiendo que si alguien entraba, vería cómo le comía el culo a su hija. Ella mordió su labio para ahogar los gemidos mientras yo le abría con los dedos, preparándola para mi polla gruesa. Cuando por fin la empotré de una estocada, sus uñas se clavaron en mi espalda, susurrándome que le dolía pero que no parara, que necesitaba sentirme entero dentro. Cada embestida hacía temblar los platos, y yo solo podía pensar en cómo me correría en su culo virgen justo antes de que su familia llegara del trabajo. En más de 11 minutos de escena, la follé contra la nevera, contra la pared, hasta que su coño chorreaba y su culo ardía por el roce de mi verga. Justo cuando iba a explotar dentro de ella, escuchamos la llave en la puerta...